Anidan en cualquier punto en donde no haya resistencia, pueden crecer de unas cuantas pulgadas, a metros de longitud. Aun no se ha podido realmente entender cómo estos géneros pueden fácilmente controlar, cualquier y todo lugar que estén presentes y mucho más si no se les resiste. Su origen data desde el inicio de la humanidad.
Los estudios revelan su alta peligrosidad, ya que esta toma proporciones
que aun a su portador anuente no está.
Influye en decisiones, reacciones; puede afectar el estado anímico, lo
puede totalmente desactivar. Esclavizados bajo sus efectos capaces de
indescriptibles actos, que no hubiesen acontecido si desde el inicio se le hubiese
dado oposición.
Estos aterradores géneros reciben el nombre de odio, celos, envidia y
rencor. Pero, ¿Cómo no se darán cuenta de aquella presencia? Sería realmente una
incógnita a despejar.
Es que, al pasar del tiempo, con estos males ya hospedados, para algunos
pareciera que son solo auto defensa.
¿Cómo lo podría conciliar un creyente con la nueva vida y los frutos del
Espíritu? La interrogante sería, ¿en dónde está el amor, gozo, paz, paciencia,
benignidad, bondad, fe? Siendo estos los frutos o los productos que se obtiene
por su presencia en la vida del creyente (Gálatas 5:22,23).
Porque estos son las nuevas características que deben regir en todo
creyente, ¿por qué reina aún lo contrario?
Debe provocar a comprender, que, ciertamente no hay sometimiento. Ciertamente
la morada en la que se está no es la espiritual. Cuando la carne controla igual
como lo fue en los tiempos pasados, posible sea que jamás hizo una confesión
real, que simplemente no se ha sometido o rendido, dedicado, entregado su todo
al Señor.
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