¿Qué si el perdón de Dios no fuese una realidad y todos tuviesen que
caminar con las cargas que han asediado o se ha ido acumulando todos estos años
de sus vidas?
¿Qué si el pecado o las transgresiones fuesen piedras que se han ido
acumulando en las áreas en que habita, todos según la medida de la gravedad de
la falta?
¿Qué si no hubiese otra alternativa que vivir con la reproducción
constante de sus actos que en ningún momento glorificó al Señor?
¿Qué si Dios los abandonase a su capacidad de destrucción, como a mal se
iba haciendo sin dirección o razón de ser?
¿Qué si todo cuanto se ha hecho, todos sus males fuesen aquello mismo
con lo que tuviésemos que lidiar el día de hoy?
¿Qué si levantase la mirada sin esperanza, ni socorro? ¿Excepto castigo
por sus actos y decisiones?
¿Qué si todo lo que recibiese fuese castigo por lo que realmente merecen
sus actos?
¿Dónde estaría sin el amor de Dios, el cual ha conducido a caminos de
redimidos por la Sangre del Cordero, su Hijo amado?
¿Cuándo hubiésemos podido resolver lo que sólo su poder pudo hacer, y
restaurar lo que solo Él pudo corregir? La respuesta es nunca.
Se podría continuar con la lista de interrogantes que ciertamente
provocarían una actitud más extensiva de reflexión, empero, el propósito en
todo esto no es agotar preguntas; más bien exteriorizar un mayor nivel de
agradecimiento y deuda imposible de cancelar con el Autor de nuestros días.
El perdón de Dios elimina cargas, limpia el camino; brinda un nuevo
comienzo. Y restablece un orden que solo su perdón y poder puede brindar.
La prueba irrefutable de ello debe de ser con cada creyente que profese el
haberse devuelto a su Creador a través de su reconocimiento y arrepentimiento
de una vida plagada de todo aquello que Dios condena y que sólo conduciría a
total destrucción eterna. Es que la muerte es el pago del pecado, castigo por
toda la eternidad; a diferencia de perdón gracias a Cristo y la eternidad con
Él.
Si Dios no hubiese creado un camino de redención nada sería, todo habría
dejado de ser y todo perdido estaría.
Todo gira en el Señor y su bondad para con la humanidad, todo gira en
torno a sus obras maravillosas y sus hechos maravillosos.
¿Quién lo merece? ¿Quién es digno? No radica en ningún hombre, excepto
en el maravilloso amor de nuestro Dios.
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Porque Yo sé los pensamientos que
tengo…pensamientos de paz y no de mal… (Jeremías 29:11).
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