Un joven creyente estuvo
laborando con una empresa, era por contrato. Trató de desempeñar su función con
efectividad, sin embargo, una mañana al llegar a la oficina, se le hizo entrega
de una carta en la que se le comunicaba que su contrato finalizaría tal fecha. Ante
esa noticia, se acercó a la ventana, y elevó su mirada al cielo y le cuestionó
al Señor: ¿Por qué yo? Al que testificó que casi de manera audible escuchó, a
ti no, empero, ¿Debió ocurrirle a alguien más? Habrá instancias en la vida que usted tendrá
que confrontar algo que no necesariamente habría sido un voluntario, sin
embargo, hay propósitos santos del Señor en medio de todo.
·
Marcos
15:21- Obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene... que venía del campo, a
que le llevara la cruz.
Jesús en camino a ser
crucificado, habiendo sido maltratado, desfigurado, golpeado. En medio de ese
horrendo escenario, en su humanidad estaba devastado. Sin embargo, en medio de
esa condición de agonía, sufrimiento logra dejar otra bendición.
Simón de Cirene, retornando del
campo, posible sea de laborar o atender algún detalle en ese lugar. Y para
sorpresa de él, es alcanzado por un soldado romano y ordenado a darle ayuda al
Salvador.
No se sabe claramente cual
habría sido su reacción inicial al ser llamado. Como algunos se preguntarían ¿Por
qué mi persona? ¿Por qué no escogieron a otra persona? Si él venía de laborar,
es entendible que vendría cansado de su labor. Pero, de todos los allí
presentes, fue a este hombre que se escogió.
Habrá sido una coincidencia,
habrá sido algo que simplemente fue un accidente, o había un propósito detrás
de ello.
Este hombre no iba a estar junto
a nadie más excepto Jesús, no iba a ayudar a cargar algo sin importancia, esto
era la cruz o el madero que sería el que portaría el cuerpo del Redentor.
Es imposible que Simón de
Cirene, cualquiera que fuese su posición inicial continuase siendo la posición
final. Algo tuvo que transcurrir durante ese caminar junto al Señor. Tuvieron
que haber intercambiado alguna mirada, tuvo que haber considerado y haberse
preguntado, ¿Por qué tuvo que ser, que podría haber ameritado tal castigo o
flagelo que le habían proporcionado? O de estar en conocimiento, el hecho de
estar junto a Él, poder contemplarlo de cerca, provoca un cambio en todas las
direcciones.
Mas cuando se acercaban al lugar
de la Calavera, al ver a Jesús, algo en Él tuvo que haber ocurrido. Es que no
estaba junto en estos momentos finales con cualquier hombre, algo de allí que,
aunque no hubo palabras registradas, tuvo que haber conversado de manera clara
al alma o a la mente de ese hombre.
Posiblemente él diría, que, a su
parecer, Jesús marchaba como si estaba en camino a algo importante, su mirada
no era algo que jamás había visto en ningún otro hombre. Aún en medio de toda
esa desfiguración de su rostro, podía apreciar algo noble en Él.
Lo que sí ciertamente tuvo que
haber ocurrido, que después de ese encuentro, ese momento junto al Maestro, él
no puedo continuar siendo el mismo hombre que antes era. Posiblemente dijo,
quiero saber más de Él. Es posible que permaneciera hasta el momento en que fue
crucificado. ¿Por qué así se conceptúa o se considera? Porque es imposible
haber estado en esos momentos decisivos de su razón de haber descendido y que
la grandeza de aquel momento no haya destellado algo sobre y dentro de Simón de
Cirene.
Posiblemente, el Señor lo haya
permitido a usted estar en alguna posición en la que expresaría ¿Por qué mi
persona? Empero, si fue para glorificarlo a Él, entonces todo interrogante se
despeja y sólo a Dios se alaba. Porque no es el peso de aquello que se
carga, es por quien se carga.
Esa experiencia con Cristo,
enriqueció la vida de aquel hombre, no hay duda de ese hecho, y, que haya sido
así. ¿Le ha enriquecido su vida el Señor? ¿Se queja de la cruz que tiene que
cargar o está dispuesto a hacerlo cuantas veces fuese necesario por el
Redentor? Jesús ordenó a sus seguidores,
toma tu cruz cada día y sígueme. Aquello implica contraer un compromiso en todo
cuanto acontece en su vida, y en vez de darle cabida a darle cabida humana, permitir
que el plano espiritual sea el que le de la gloria a Dios a través de aquello que
se enfrente o en aquello que está involucrado.
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