Hubo una
señora que estaba totalmente entregada a fiestas, diversiones, entretenimientos.
Esa era su forma de vida, completamente entregada, desvivía por ello. Mas,
compartió que una noche retornando de uno de esos tantos festejos, tuvo una
experiencia en donde tuvo una experiencia con demonios, y de una manera u otra
lo que surgió fue un clamor buscando la misericordia de Dios. Esa experiencia
representó un alto a lo que ella encontraba en todo aquello y fue una
experiencia en donde ella al igual confrontó un: ¿A quién buscáis? La bendición
fue que ella entregó su vida al Señor y toda su existencia cobró un nuevo valor
y dirección. Ella entendiendo que lo que ella buscaba no se hallaba en
festejos, sino, en el Salvador.
·
Juan
18:4-6. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se
adelantó y les preguntó: ¿A quién buscáis?
·
Le
respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo Soy. Estaba con ellos Judas,
el que lo entregaba.
·
Cuando les
dijo: Yo Soy, retrocedieron y cayeron a tierra.
Jesús los confronta, no trató de ocultarse, no
trató de evadirlo. Esto formaba parte de todo aquello que Él tendría o tenía
que a travesar.
Se acercan junto con Judas para apresar al Señor,
cuando Él los ve y pregunta la razón de su presencia, y al identificarse como
aquel a quienes ellos procuraban, cuando escucharon de sus labios, Yo Soy, esa
respuesta autoritativa, respuesta envestida de poder y de su presencia sacra,
santa; los que allí estaban para apresarlo retroceden y caen a tierra. Estos
hombres no podían entender, nosotros fuimos enviados para apresarlo, mas este
hombre tiene poder para si así decidiese eliminarnos. Lo que allí se apreció,
fue que Él estaba en control de aquel momento, no ellos. Fueron a apresarlo,
cuando su poder, a aquellos desarmaba por completo.
Vuelve a preguntarles el Señor: ¿A quién buscáis? Y
ellos dijeron: A Jesús nazareno. Y se volvió a identificar ante ellos.
Nadie tenía absolutamente nada sobre Él en ningún
momento, de no ser que Él se los hubiese concedido.
Sin lugar a dudas, este grupo de hombres que no
tenían poder o autoridad sobre Él, Jesús les concede el poder cumplir la orden
de apresarlo, para que se cumpliese lo que estaba escrito.
Para aquellos hombres que vivieron este hecho, al
igual sus vidas no pudo continuar siendo igual. Porque quedaron expuestos a
Jesús, tuvieron que haber compartido el hecho que, presentándose para apresar
al Maestro, no pudieron, pero, Él les concedió la oportunidad de hacerlo. La
verdad habrá dicho, lo que allí se desarrolló nunca lo habían vivido, algo hay
de ese nazareo, que es inigualable ya que tenía el control en todo tiempo sobre
cada aspecto que le rodeaba, hasta que algo que emanaba de Él no nos permitiera
proceder, no pudimos, fue Él quien lo permitió.
El arresto se lleva a cabo no porque ellos tenían
alguna autoridad sobre Él, empero, porque había llegado la hora en que se daría
inicio a esa última faceta de su presencia sobre la tierra. No habrían podido
haber logrado absolutamente nada en ninguna de las situaciones que Él atravesó
si no hubiese accedido a ello.
Para el inconverso, el ateo o agnóstico, ¿Qué parte
de lo que está documentado y comprobado rechaza? Para las falsas religiones,
sólo Cristo es la esperanza. Para el que a Jesús no aceptan, en nada altera que
Él es la única esperanza para este perdido mundo.
Aquel grupo que retrocedió y cayeron ante la
respuesta del Redentor, por temor a lo que se les haría prosiguieron con la
orden que tenían que completar, sin embargo, lo más que hubiesen realmente
querido era abandonar aquel lugar con toda prontitud.
La pregunta que Jesús les formuló a estos soldados,
es la misma que presenta hasta el día de hoy, porque aquellos sin Jesús aún en
están en búsqueda de algo que pueda llenarles ese vacío, … ¿A quién buscáis?
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