Un joven en el
recorrido de su juventud y selección, no atendió al llamado de su madre. Él la
escuchó, consideró sus palabras y luego lo puso a un lado y prosiguió como si
nunca la había escuchado. Los frutos de su desacierto en aquello lo lamentan
hoy, sin embargo, ya es un hombre lleno de años ante lo que tempranamente pudo
evitar.
Esto se iguala a lo
que por siglos ha estado desarrollándose en este plano humano, en donde el hombre
ha estado ignorando la voz del Supremo y han sumergido en cualquier cantidad de
creencia y prácticas totalmente destructivas, pecaminosas, porque han elegido desatender
lo que el Todopoderoso les ofrece.
Dios nos habla de
tantas maneras, el hecho real es si está escuchando o desatendiendo. ¿Está
realmente atento? ¿Está ciertamente en proximidad que le permitirá escucharlo y
con la disposición de obedecer?
Se espera de Él, pero,
cuando habla a la conciencia, a las emociones, circunstancias, ¿Dónde realmente
está situado o ha ubicado lo que le ha revelado?
Escuchar de Dios
siempre implica acción, siempre implicará estar avisado o velando. Aún en su
actividad que en nada lo honra o lo glorifica a Él, se comunica para extenderle
la oportunidad de ser liberado de su condición de mal en la cual se encuentra.
Dios está hablando,
habla a través de eventos que en instancias atraviesa el mundo o en lugares
vecinos, allí en el lugar que habita. En circunstancias que llaman imprevistas,
enfermedades que para algunos de no ser así no lo atenderían. El Señor no
desaprovecha ninguna circunstancia para extender una oportunidad al hombre para
volverse a su Dios.
Para otros podría
representar pérdidas de vidas, posesiones, relaciones; ahora logra su atención,
porque se ha despejado aquello que de una forma u otra se había antepuesto a su
Creador.
¿Son necesarias las
tragedias para lograr que numerosos presten oídos a la voz de Dios? Para muchos
después de una gran sacudida, el despertar hacia su Hacedor se hace una
realidad en sus vidas.
Hay aquel que el
Señor logra su atención en un simple susurro, un llamado, y listos están para
atender, hacer el cambio y servir.
Hace pensar cuando se
era niño, al primer llamado de los padres, muchos de inmediato atendían. Para
otros era, llamar y llamar, y llamar. ¿Acaso no los oían? Desde luego que sí, empero,
aquello que hacían resultaba con más importancia, el terminar para luego
atender.
Y, en consecuencia,
castigos, ya sean corporales o suspensiones de aquello que más era del agrado
en aquel tiempo en que crecía, se desarrollaba.
Con las consecuencias
que se experimentó, se vivió, ¿Se habrá aprendido algo en relación al no acatar
o atender al llamado? ¿Se habrá logrado despertar en aquel con la disciplina que
realmente fue necesario? Para algunos resultaría un definitivo sí, para otros
su forma de vida es la respuesta contundente de lo contrario.
A tantas voces se
atienden, más aquellas que hacen uso de aquello que a muchos entretiene y definitivamente
tienen su atención. ¿Alcanza escuchar la voz de Dios o es esa que no tiene su solicitud
o cuidado?
El Espíritu del Señor
nunca ha estado distante de ninguna vida para guiarlos hacia la luz, lo que sí
es realidad es que el hombre haciendo uso de su elección o libertad, este lo ha
distanciado de su Creador. El llamado, la exhortación es no desaproveche lo que
su Hacedor desea hacer por usted.
·
Apocalipsis 3:30 He aquí, yo
estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a
él, y cenaré con él, y él conmigo.
Algo que en definitiva se tiene
que mantener presente, que endurecimiento u obstinación en el mal no le
permitirá oír el llamado del Señor. Como al igual es realidad que si usted no
pertenece o forma parte del pueblo santo, usted no podrá atender al llamado del
Buen Pastor, porque no lo conoce y no distinguen su voz y mucho menos seguirlo
o mantenerse bajo su guía.
·
Juan 10:17 Mis ovejas oyen mi
voz, y yo las conozco, y me siguen...
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