¡Bendito sea el Señor! ¡Cada día nos colma de
beneficios el Dios de nuestra salvación!
Dios, nuestro Dios, ha de salvarnos; de Jehová el
Señor es el librar de la muerte (Salmo 68:19, 20).
El Señor no es bendito porque todo va en curso o a
favor. No es bendito porque algo efímero o pasajero lo define. Es bendito
porque es Santo, porque es lo que solo emana de Él,
porque es lo que sólo Él puede ser.
Bendito es el Señor porque de Él es que el hombre puede
adquirir y recibe sus bendiciones, su condición de bienaventurado o felicidad.
Es bendito porque santidad es lo que exige de los suyos para que puedan
adorarlo o servirlo. Es bendito porque de Él y solo Él procede toda buena
dádiva y todo don perfecto.
Es bendito
porque sólo de Él procede el cambio, el toque o transformación para que de
aquella condición de malditos fuera de Él, se pueda llegar a ser acepto o
propiedad de Él.
El hombre se hace bendito, llega a ese estado porque
Dios lo bendice. Dios es bendito porque Él es Dios, porque esa es su
naturaleza, porque es el atributo de Él.
¡Bendito es Jehová! De ninguna otra fuente procede
bendiciones, porque todo cuanto deriva de Él, todo es bien; bendito es porque
procede de su fuente inagotable, de lo que habita en Él.
68:20-Es Dios y sólo Él que nos salva, cada día nos
colma o rellena de sus bendiciones, aquellas tangibles y en muchas ocasiones
por muchos desapercibidas. Esto es que nos concede de su interminable y divina
provisión.
“Nos colma de sus beneficios”. ¿Qué bien hemos
recibido en sus múltiples manifiestos, que no procedan estos del Señor?
Aquél que ha llegado a la vejez, que ha podido
reunir valores, la familia, una profesión, un talento, dones; poder enfrentar
obligaciones o responsabilidades, necesidades suplidas; salud, sanidad,
salvación, segunda oportunidad; perdón, liberación.
Realmente la lista es inagotable ya que de tanto
tenemos que estar agradecidos, cuando hubo tiempos en que se creyó que no se
podría o ya no sería y obró el Señor. De tanto que no se está consciente o en
conocimiento de aquello que nos libró, sanó o restauró.
“Nos colma de sus beneficios”. Sí de todo aquello y
de tanto más. Tiempo, espacio, lugar, visión, creatividad, invención,
ministerio, unción.
Nuestro Hacedor ha intervenido e interviene
salvándonos, y proveyendo de sus beneficios cada día.
Nuestro Hacedor ha intervenido e interviene
salvándonos, y proveyendo de sus beneficios cada día.
El bendito Dios impartiendo de su bendición en
diferentes áreas:
Abraham- Haré de ti una nación grande, te bendeciré,
engrandeceré tu nombre y serás bendición (Génesis 12:12).
Toda bendición es un múltiplo, empero el de Abraham,
el Señor prometió hacerlo descender sobre él en gran manera. Para otros, en
menor escala, sin embargo es bendición porque proviene del mismo Creador, Dueño
y Señor; de la misma fuente inagotable de bien.
Cuando de Dios emana la bendición, todo gira de mal
a bien. Todo lo seco recibe agua, creando o proveyendo aliento para el
hambriento, lugar en donde habitar, la abundancia o el florecimiento en la
bendición es indetenible. Es que la bendición de Dios es una multiplicación, es
una liberación de nada a tanto más que excede a lo que se creyó.
Vuelve el desierto en estanques de aguas y la tierra
seca en manantiales.
Allí establece a los hambrientos y fundan ciudad
donde vivir.
Siembran campos y plantan viñas; rinden abundante
fruto.
Los bendice, y se multiplican en gran manera; y no
disminuye su ganado (Salmo 107:35- 38).
De cuánto podemos estar agradecidos a los favores
inmerecidos de nuestro Rey y Soberano Dios.
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