¿Puede un creyente caer en avaricia? Sí, porque tristemente muchos
tenemos nuestros intereses divididos y no solidificados en lo que provee Dios,
en lo que por su gracia y bondad infinita nos ha confiado. Hay una advertencia
en la Palabra sobre esta realidad en la vida de algunos en el pueblo de Dios:
Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis
ahora, pues Él dijo: No te desampararé ni te dejaré. Así que podemos decir
confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre
(Hebreos 13:5).
Cuando el pueblo de Dios se apropia de su posición en el Señor
confesando lo que ha hecho y hace nuestro Creador, podrá así caminar por
alturas espirituales y no por los desperdicios que lanza el enemigo.
a. Nuestras costumbres deben ser sin avaricia: nuestro desear no deben ser las
muchas posesiones.
b. Contentos con lo que se posee:
·
...No
hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario
(Lucas 3:14).
·
Así
que teniendo sustento y abrigo, estemos ya satisfechos; pero los que quieren
enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas
que hunden a los hombres den destrucción y perdición... (1 Timoteo 6:8, 9).
·
No lo
digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea
mi situación (Filipenses 4:11).
Cuando se le da cabida u oportunidad a este mal para que camine, sus
efectos en la vida de aquél que lo ha permitido consistirán en lo siguiente:
1. El camino de avaricia es soborno y perversión
al derecho, injusticias (1 Samuel 8:3).
2. Solo un corazón inclinado al Señor, que busca
honrarlo y hay un buen testimonio evidente de aquello podrá ser guardado (Salmo
119:36, 37).
3. El camino de la avaricia es camino engañoso o
de engañadores (Jeremías 6:13).
4. La avaricia oprime y hace agravio (Jeremías
22:17).
5. Un creyente en el camino de la avaricia está en
estado aún carnal, lo domina aquello que aún tiene dentro de él, que no ha
entregado al Señor (Marco 7:22).
6. La vida del hombre no consiste en la abundancia
de los bienes que posee. El creyente tiene que tomar su posición contra el mal
(Lucas 12:15).
7. La avaricia solo puede surgir en el corazón de
un creyente cuando pone a Dios a un lado (Romanos 1:29).
8. Es el creyente el que tiene que tomar la acción
de hacer morir ya sea la práctica o la presencia de la avaricia en ellos
(Colosenses 3:5).
Un corazón agradecido, una vida agradecida con el Señor, sólo podrá
producir frutos de honra y alabanza a su Hacedor. Ya que lo que hace de esa
vida completa es la presencia de Dios en él.
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