jueves, 17 de agosto de 2017

COSTOSAS GEMAS ESPIRITUALES




Si examinando las costosas gemas espirituales que el Señor nos ha entregado, que son nuestras, despierta una mayor dependencia de Él, el objetivo se habrá cumplido. Empero, posible es que muchos se comportan como si no les pertenece, como consecuencia, no proceden como propietarios de estas bendiciones:
1.       Reafirme el hecho que está con usted.
Recuerde que nuestro Pastor nunca se ausenta de la manada, siempre está al cuidado de ellas.
a. Jehová es mi Pastor, nada me faltará… (Salmo 23:1)
b.…y Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Por ello cuando ore, reafirme al Señor que usted sabe que Él está presente con usted en esa dada situación y que usted será librado, ya que es otra promesa para su pueblo. Solo afirme al Señor su inalterable confianza en Él (Sí, precisamente en esa situación en la que está).

2.       Mantenga esto presente, porque se tiende a olvidar, la perspectiva se pierde.
¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios, pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
Consideren los cuervos, que ni siembran ni siegan; que ni tienen despensa ni granero, y Dios los alimenta (Lucas 12:6, 7, 24).
Pueblo de Dios el Señor cuida de animales, aves, hay provisión para ellos, son importantes para Él; ahora bien, ¿Cuánto más usted mi amado hermano? Jesús hace una comparación de algo que algunas instancias pasa desapercibido. Pero las aves tienen su provisión. Jesús nos dice porque conoce nuestros pensamientos que nos enclaustran o recluyen: No temáis pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.
Jamás olvide mi amado que el precio más grande fue pagado por usted, por ende, no hubo olvido de su condición cuando era inmundo, no hay olvido ahora que es pueblo. Él sabe dónde está y sabe cuál es la necesidad, confiese su seguridad en Él, eso ama oír el Señor y siempre abrirá puerta de bendición.

3.       Para que el Señor cumpla sus promesas.
a. Hubiera yo desmayado, si no creyera que he de ver la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes (Salmo 27:13).
Cuando hay total dependencia y se cree a Dios, las tendencias humanas de claudicar y perder toda esperanza no se entretienen y no se le da cabida en la nueva naturaleza. Si no tuviese o tiene a Cristo como el Señor de su vida, está en camino del desmayo, por el peso que usted tiene que tolerar; porque todo está de ese lado borrascoso, pero con Cristo, siempre hay salida y esperanza.
b. Por eso, la promesa es fe… (Romanos 4:16).
c. Tampoco dudó (este fue Abraham con la promesa de Dios tocante a su hijo), por incredulidad, de la promesa de Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. (Romanos 4:20, 21).
Abraham creyó al Señor cuando clínicamente ya no había posibilidad de concebir un hijo. Las posibilidades o imposibilidades humanas no pueden restringir lo que Dios ha prometido o lo que hará.
Cuando el Señor le pidió que sacrificara a su hijo para poner en prueba su fe, a toda pregunta que le hizo su hijo en el camino hacia el sacrificio, la respuesta inquebrantable, completamente apoyada en su confianza y dependencia de Dios fue, “el Señor proveerá”.
Cuando Abraham hizo mención de la provisión del Señor, fue basado en el siguiente hecho. No entiendo a Dios, sin embargo, le creo. No me siento cómodo con lo que me solicitó, mas sé, que Él hará más de lo que yo pueda imaginar o concebir. Él es Soberano, Él hará, y todo cuanto hace es bueno.

4.       Mantenga presente que jamás abandona.
1.      No abandonará Jehová a su pueblo ni desamparará su heredad… (Salmo 94:14).
2.      Aunque mi padre y mi madre me dejen, con todo, Jehová me recogerá (Salmo 27:10).
Ningún creyente jamás está sólo, no hay abandono, su presencia siempre está y estará, haciendo más de lo que jamás podremos si quiera conceptuar. Y aunque la condición actual tratase de presentarle aquel espejismo, haga memoria de todo cuanto posee en Cristo.

Si se examina rigurosamente, se llegaría a esta conclusión: ¡cuánto nos has dado! ¡cuánto has provisto para Tu pueblo! Padre, de que somos bendecidos, somos bendecidos. Ayúdanos Rey para que no descuidar todo aquello que nos has entregado, por estar tratando de ser como aquellos de lo que Tú nos has librado. Pero, el clamor real es que el anhelo es caminar en pos de Él, siendo lo mejor en la capacidad que nos has concedido.


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