Dos hombres fueron empleados al
mismo tiempo, tuvieron el mismo empleo, el mismo salario, sin embargo, uno era
más entregado a sus labores, sus obligaciones que el otro; y en poco tiempo uno
fue promovido y el otro permaneció en la misma posición y con la misma actitud,
pero, ahora había despertado sobre su compañero de trabajo cierto enojo, desazón;
cuando el culpable en lo que acontecía era el apático.
·
Eclesiastés 4:4- He visto asimismo que toda obra
bien hecha despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es
vanidad y aflicción de espíritu.
Cada hombre
escoge el camino que ha de recorrer, de la manera que así hará, sin embargo,
cuando ante ellos está una acción contraria a lo que irresponsablemente departe
de ellos se ha estado haciendo, de hecho aquello provoca cierta contrariedad. Y
en instancias para algunos, aun en su situación creada, al ver otra persona
alcanzando, logrando, para ellos esto no es un hecho que celebrar, es todo lo
contrario, despierta en ellos envidia.
Lo
inexplicable es, que por elección aquellos están en el extremo en que están. Mas,
para el esforzado, el diligente, por su compromiso con la excelencia, porque su
compromiso no es con un hombre, es para con su Señor, estos tendrán una consumación
para su beneficio.
·
Colosenses 3:23- Y todo lo que
hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres...
Siendo esta la norma para la vida de un creyente, siempre estará en
conflicto donde esté, ya que todos no comparten los mismos principios, valores.
Para el secular, al igual que para algún hermano de la fe carnal,
también le incomodará el desempeño o el desenvolvimiento de una obra bien hecha
(teniendo estos la misma oportunidad), empero, por su negligencia se encuentran
en la condición en la que están, y en vez de reconocer sus flagelos, elevan su
vista para airarse contra alguno que no procede de la misma manera errada.
Es importante señalar que para algunos que aún no han aprendido, que
aquello forma parte del recorrido espiritual en esta vida, se desaniman ante
tal actitud, algunos se intimidan. La pregunta que debe surgir es, aquellos que
no están donde deben de estar, ¿Acaso están en incomodidad con su proceder?
Desde luego que no, la incomodidad en todo ello, es que usted les hace
enfrentar la realidad que los adorna, negligencia, conformismo, la ley del
menor esfuerzo. Y cada vez que tengan que ver su rostro en el espejo de una
persona diligente y esforzada, no les agradará aquello que contemplan.
Hay instancias que la buena acción o profesionalismo, desempeño, anima y
despierta en otros emular o mejorar.
Empero, cuando la necedad está arraigada en una vida, cuando la sinrazón
es el dominante en el proceder, cuando valores no son sostenibles en una
existencia; todo cuanto represente una reprensión para aquellos, aun en una
acción o desempeño, es inaceptable.
Mantenga presente que el enemigo sólo está para desconcertar, y hacer
que lo bueno se desluzca, pero, el que camina en la luz, jamás debe de
abandonar su sendero, para buscar aceptación entre la necedad. Mas bien,
persevere aun en hostilidad, mantenga su compromiso no con hombre, para con su
Dios.
Al finalizar la jornada, solo será favorecido, aquel que con su
Dios ha cumplido. Esto nunca será popular, y por grandes masas aceptadas, pero,
nada tiene que ver su desempeño con normas o tendencias humanas, usted hace y
hará lo correcto, lo justo, porque es su compromiso con su Padre celestial.
Si criticado es por ser honesto, ¿Cambiará de curso? Si lo justo y recto
es su comportamiento, y debido a ello es rechazado, ¿Abandonará sus valores?
Eficiencia no tiene muchos matriculados en ese curso, honestidad no es
el camino de multitudes a seguir, y habiendo sido la elección de grandes
números, aun despierta envidia por aquellos que hacen la diferencia y que
realmente avanzan. Es que la necedad despierta en el hombre una ineptitud de
poder evaluar y reconocer sus faltas y tomar las medidas para corregirlas.
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