1 Corintios 29:12- Las
riquezas y la gloria proceden de Ti, y Tú dominas sobre todo; en Tu mano está
la fuerza y el poder, y en Tu mano el dar grandeza y poder a todos.
Tanto se habla de
riquezas, del éxito o gloria que conlleva en ello, mas poco se dice de su
procedencia, el que lo otorga o concede; queda claramente establecido del lugar
que surge, el cual es del Supremo Dios.
El que tiene el dominio o
control sobre dónde, cómo y el cuándo, al igual le pertenece. Por ende, todo
aquél que crea que ha sido por esfuerzo propio o por mérito propio, vuelva a la
mesa de evaluación y considere la verdad sobre todo esto.
El Señor anhela, desea
dar grandeza y poder a todos, ciertamente esto es lo que el Padre haría,
empero, ¿por qué no todos han sido de ello beneficiados?
Todo padre sabe a qué
nivel pude confiar qué a cada hijo, todos no pueden ser confiados de la misma
manera, ya que algunos son más responsables y algunos menos comprometidos. En
base a la capacidad de cada cual, las sabias asignaciones.
Todos podrían ser
receptores de riquezas, mas o todos están en la posición de la buena
administración de ella.
Salmo 49:6- Los que
confían en sus bienes y de sus muchas riquezas se jactan.
Esto es precisamente lo
que acontece con muchos que han sido alcanzados por riquezas, han desarrollado
su todo sobre ello y alrededor de ello, no hay reconocimiento del dador, se
jactan o presumen de aquello que poseen.
Y debido a esta actitud
en aquellos, quedan expuestos a desgracias que ellos han provocado.
Salmo 52:7- Este es el hombre que no consideró a Dios
como su fortaleza, sino que confió en sus muchas riquezas y se mantuvo en su
maldad.
Cualquier y toda
confianza en cualquier cosa, excepto el dador de toda buena dádiva, siempre desembocará
en fatalidad, pérdida. Para muchos, el mal uso o administración de ella los
deja en lugares tan distantes, alejados de su benefactor. Esto no es la
finalidad de las riquezas y el poder, lo que debería despertar es un sentir de
compromiso con su Hacedor, ya que fue por Él, que se ha podido cosechar tal
abundancia.
Dios, es el Señor de la
abundancia, a Él pertenece, de su trono desciende y es por Él que se posee. Por
ello es que todo creyente debe descansar confiado, porque si el Padre puede
confiarle riquezas, ciertamente suya será y nadie lo podrá impedir y mucho
menos detener.
El Hacedor anhela ver a
su pueblo prosperado, ser aquellos que puedan sostener la obra y ayudar a los
de más escasos recursos. Este es el deseo del Señor para con los suyos, y así
está obrando. Pero, no todos han podido hacerlo una realidad en sus vidas,
porque por algo que Dios conoce no lo ha podido entregar al servicio de todos.
Sin embargo, el Señor
siempre envía su lluvia de bendiciones, mas no se olvide que al igual desea
confiarle riquezas.
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