domingo, 30 de julio de 2017

TODOS LAVADOS EN LA MISMA SANGRE



Has considerado que en cada hermano salvado, sólo Dios y él sabe de qué pozo profundo fue liberado. Algunos han dado testimonio de ello y para otros es todo tan grotesco y posiblemente horroroso que para ellos preferible es no mencionar. Pero, lo importante es entender que cualesquiera que haya sido su mal o pecado, todos hemos sido perdonados, redimidos, justificados y lavados en la poderosa Sangre de Cristo, Señor nuestro.
La casa de Dios o el Templo no es un club privado, no es un lugar reservado para algunos, es para todo aquél que en Él crea, y precisamente de eso se trata mi hermano, que aquél no se pierda, igual como Jesús lo rescató, aquél necesita de la misma salvación. Algunos con culpas leves, otros con atrocidades, pero, todos en necesidad de salvación, y nos dice el Señor que a ninguno echa fuera.
Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí, y al que a Mí viene, no lo echo fuera (Juan 6:37).
Que bendición es saber que, aunque el mundo te habría dado la espalda por el tipo de vida o de criminalidad que hubiese tenido, empero Cristo, nuestro Cristo, no lo echó, no nos echó fuera; porque nos allegamos a Él en espíritu y verdad.
El Templo del Señor está formado por ex… y ex…, una clínica espiritual en donde todos son atendidos en forma individual y al mismo tiempo, en donde ningún paciente puede salir en el mismo estado si al Dr. Jesús se ha presentado. Todos atendidos y todos sanados en base a su fe depositado.
Se escuchó esta anécdota la cual se desea compartir: un distinguido juez de familia prominente ejerciendo su cargo fue traído ante él un ladrón, por lo grave de sus fechorías fue sentenciado a siete o nueve años.
Un domingo en la iglesia la invitación fue hecha para que la feligresía tomase la comunión, al cual los hermanos se apersonaron al frente del púlpito y se arrodillaron, entre los hermanos estaba el distinguido juez, él formaba parte de la familia de Dios, y arrodillado junto a él hombre que sentenció por los siete o nueve años. El pastor desde el púlpito pudo apreciar lo que acababa de ocurrir el juez y el sentenciado nuevamente reunidos, sin embargo, ahora ambos lavados en la misma sangre, ambos en necesidad el mismo Salvador, ambos perdonados por nuestro Redentor. Cuando el juez se levantó para ir hacia su asiento pudo apreciar y reconocer aquél que estuvo a su lado.
El distinguido y educado juez posible jamás quebrantó una ley humana; pero él igual que el antiguo ladrón ambos con la necesidad de salvación.
Cuando estamos en la Casa del Señor, aquél allí presente fue rescatado, otros estarán en el proceso de ser rescatados; otros bajo disciplina por haber incurrido en alguna falta espiritual, y otros gozando de una segunda oportunidad por Dios extendida, después de haber retrocedido en su caminar con Cristo.
…porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8,9).
¿Debe usted considerarse mejor que su hermano? Posible es que usted no incurrió en los mismos pecados, mas, pecó. Ambos en condenación sin Cristo, ambos sin justificación ante Dios. Pero el momento que confesaron sus pecados y creyeron en el Señor, por su gracia (aquel favor que nadie merece) fueron salvos, y esto no fue por nada que se hizo o se dio, fue porque Dios así lo quiso que nos dio a su Hijo. 

El creyente sensibilizado por el Espíritu de Dios siempre pediría al Señor, el ruego sería que lo haga recordar cada vez que comete el error de mirar como no debe a su hermano, hacer memoria, que donde ambos están ha sido por su gracia y amor. Posible sea que aun con tantos años en la fe, aún están con un lento avance; se le exhorta que empiece a caminar, aliento para que empiece a alcanzar todo aquello que tiene para Él, porque él es su hermano y anhela verlo crecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario