Has considerado que en cada hermano salvado, sólo Dios
y él sabe de qué pozo profundo fue liberado. Algunos han dado testimonio de
ello y para otros es todo tan grotesco y posiblemente horroroso que para ellos
preferible es no mencionar. Pero, lo importante es entender que cualesquiera
que haya sido su mal o pecado, todos hemos sido perdonados, redimidos,
justificados y lavados en la poderosa Sangre de Cristo, Señor nuestro.
La casa de Dios o el Templo no es un club privado, no
es un lugar reservado para algunos, es para todo aquél que en Él crea, y
precisamente de eso se trata mi hermano, que aquél no se pierda, igual como
Jesús lo rescató, aquél necesita de la misma salvación. Algunos con culpas
leves, otros con atrocidades, pero, todos en necesidad de salvación, y nos dice
el Señor que a ninguno echa fuera.
Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí, y al que a Mí
viene, no lo echo fuera (Juan 6:37).
Que bendición es saber que, aunque el mundo te habría
dado la espalda por el tipo de vida o de criminalidad que hubiese tenido, empero
Cristo, nuestro Cristo, no lo echó, no nos echó fuera; porque nos allegamos a
Él en espíritu y verdad.
El Templo del Señor está formado por ex… y ex…, una
clínica espiritual en donde todos son atendidos en forma individual y al mismo
tiempo, en donde ningún paciente puede salir en el mismo estado si al Dr. Jesús
se ha presentado. Todos atendidos y todos sanados en base a su fe depositado.
Se escuchó esta anécdota la cual se desea compartir:
un distinguido juez de familia prominente ejerciendo su cargo fue traído ante
él un ladrón, por lo grave de sus fechorías fue sentenciado a siete o nueve
años.
Un domingo en la iglesia la invitación fue hecha para
que la feligresía tomase la comunión, al cual los hermanos se apersonaron al
frente del púlpito y se arrodillaron, entre los hermanos estaba el distinguido
juez, él formaba parte de la familia de Dios, y arrodillado junto a él hombre
que sentenció por los siete o nueve años. El pastor desde el púlpito pudo
apreciar lo que acababa de ocurrir el juez y el sentenciado nuevamente reunidos,
sin embargo, ahora ambos lavados en la misma sangre, ambos en necesidad el
mismo Salvador, ambos perdonados por nuestro Redentor. Cuando el juez se
levantó para ir hacia su asiento pudo apreciar y reconocer aquél que estuvo a
su lado.
El distinguido y educado juez posible jamás quebrantó
una ley humana; pero él igual que el antiguo ladrón ambos con la necesidad de
salvación.
Cuando estamos en la Casa del Señor, aquél allí
presente fue rescatado, otros estarán en el proceso de ser rescatados; otros
bajo disciplina por haber incurrido en alguna falta espiritual, y otros gozando
de una segunda oportunidad por Dios extendida, después de haber retrocedido en
su caminar con Cristo.
…porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y
esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se
gloríe (Efesios 2:8,9).
¿Debe usted considerarse mejor que su hermano? Posible
es que usted no incurrió en los mismos pecados, mas, pecó. Ambos en condenación
sin Cristo, ambos sin justificación ante Dios. Pero el momento que confesaron
sus pecados y creyeron en el Señor, por su gracia (aquel favor que nadie
merece) fueron salvos, y esto no fue por nada que se hizo o se dio, fue porque
Dios así lo quiso que nos dio a su Hijo.
El creyente sensibilizado por el Espíritu de Dios siempre
pediría al Señor, el ruego sería que lo haga recordar cada vez que comete el
error de mirar como no debe a su hermano, hacer memoria, que donde ambos están
ha sido por su gracia y amor. Posible sea que aun con tantos años en la fe, aún
están con un lento avance; se le exhorta que empiece a caminar, aliento para
que empiece a alcanzar todo aquello que tiene para Él, porque él es su hermano
y anhela verlo crecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario