¿Cuál es el legado que le está
dejando usted a sus hijos? ¿Pueden ellos ver cuán importante o vital para usted
es su vida con Cristo, su relación con Él? No un asunto en ocasiones o de
domingo en domingo, empero ellos han podido entender que es para siempre, que
es una forma de vida para honrar y glorificar al Señor. Igualmente, para sus
familiares o allegados.
Si usted no cuenta aún con una
familia propia, que esta meditación lo impacte de tal manera que usted se
alinee para ser esa próxima familia para la gloria de Dios, viviendo conforme a
lo que Él establece y así honrarlo en todo.
Si alguna persona ajena a su
fe hiciera una encuesta con su familia, tocante a ¿qué es su vida fuera de la
iglesia? ¿Cómo es? ¿Cómo se comportan sus padres? ¿Cómo se conducen como familia fuera de la
iglesia? ¿Cuál sería la respuesta que de ellos recibirían?
Permítame informarles que la
encuesta se lleva a cabo todos los días, en todo lugar en la que el creyente se
encuentra, en el área en donde vive. ¿Qué es exactamente lo que están
escuchando y están viendo en cualesquiera que fuese la situación en la cual se
encuentra? No en vano algunos, gloria a Dios no todos quedamos como hipócritas
ante tantos allegados o conocidos.
Muchos hemos traído tanto
desencanto o dudas a nuestro testimonio tanto dentro del hogar, como en el
círculo de conocidos, amigos, compañeros en el empleo; que no hay testimonio de
una vida impactada o cambiada por Cristo, usted simplemente es otro extraviado
en esa marejada de confusión como ellos.
Qué tal si le dijeran,
realmente no hemos podido ver ninguna diferencia entre nuestra forma de vivir y
la vuestra ya que los hemos escuchado maldecir, los hemos escuchado vociferar
en forma violenta o peor que nosotros con su propia familia, con extraños y
entre los llamados pueblo de Dios. Los hemos visto asistir a la iglesia, para
luego al salir conducirse como si nunca hubiesen estado allí. Lo que ellos
realmente están dejando claramente entender es que cuánto anhelan ver aquello
que ellos deseosos igual querían adquirir.
¿Qué si alguien nos
confrontara con aquel argumento? ¿Realmente, genuinamente nos sentiríamos
avergonzados de traer esta vergüenza sobre la familia de fe? o se daría aquella
respuesta desprendida, que procede del mismo infierno, somos humanos, no somos
perfectos. Permítame aclararle, sí somos seres humanos, pero con una nueva
naturaleza espiritual en y a través de Cristo, ciertamente nadie es perfecto,
pero lo que sí debemos de ser es aquél que se niega a volver a revolcarse en el
vómito del cual la sangre preciosa de Jesús nos sacó y nos lavó. Sí habremos
tropezado, pero nos levantamos; habremos cometido errores, pero no haremos una
carrera de ello.
Posible es que algunos
albergamos testimonios de vergüenza, de aquellas que no se desea posiblemente
hablar de ellos por todas las confusiones, daños y heridas que causó, ó porque
quizá presente aún está en la vida de algunos. Pero mis amados, siempre es
tiempo de re-dirigir nuestro esfuerzo y encaminar nuestros pasos, nuestra vida
a lo que espera y demanda el Señor de su pueblo.
Recordemos, mantengámoslo
presente siempre:
Porque si las cosas que
destruí, las mismas vuelvo a edificar, trasgresor me hago (Gálatas 2:18).
Este siempre será y es el
peligro en el caminar del creyente cuando entretenemos nuestras tendencias
humanas. Aceptamos al Señor, pero miramos hacia atrás volviendo a considerar
aquello que de Él nos separó, y muchos no solo consideran aquello que dejaron
atrás, sino que lo vuelven a edificar, volvemos a sembrar, lo volvemos a
entretener, esta conducta nos asemeja a un delincuente espiritual, en
delincuencia como miembro del pueblo de Dios. No debe ocurrir, pero algunos
tristemente aquel camino se ha recorrido.
Con Cristo estoy juntamente
crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la
carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí (Gálatas 2:20).
Gloria a Dios cuando podemos
ser dignos representantes de Aquél que nos salvó, nos sacó de la asquerosa
condición de pecado, nos lavó con su sangre preciosa y hoy somos sus hijos, un
pueblo redimido. Gloria a Dios cuando el yo deja de ser, y sólo Jesús es lo que
pueden percibir a través de todo y en todo. Vidas completamente vendidas a
Cristo, entregadas y consagradas a Cristo.
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