viernes, 7 de julio de 2017

SERES HUMANOS CON UNA NUEVA NATURALEZA ESPIRITUAL




¿Cuál es el legado que le está dejando usted a sus hijos? ¿Pueden ellos ver cuán importante o vital para usted es su vida con Cristo, su relación con Él? No un asunto en ocasiones o de domingo en domingo, empero ellos han podido entender que es para siempre, que es una forma de vida para honrar y glorificar al Señor. Igualmente, para sus familiares o allegados.
Si usted no cuenta aún con una familia propia, que esta meditación lo impacte de tal manera que usted se alinee para ser esa próxima familia para la gloria de Dios, viviendo conforme a lo que Él establece y así honrarlo en todo.
Si alguna persona ajena a su fe hiciera una encuesta con su familia, tocante a ¿qué es su vida fuera de la iglesia? ¿Cómo es? ¿Cómo se comportan sus padres?  ¿Cómo se conducen como familia fuera de la iglesia? ¿Cuál sería la respuesta que de ellos recibirían?
Permítame informarles que la encuesta se lleva a cabo todos los días, en todo lugar en la que el creyente se encuentra, en el área en donde vive. ¿Qué es exactamente lo que están escuchando y están viendo en cualesquiera que fuese la situación en la cual se encuentra? No en vano algunos, gloria a Dios no todos quedamos como hipócritas ante tantos allegados o conocidos.
Muchos hemos traído tanto desencanto o dudas a nuestro testimonio tanto dentro del hogar, como en el círculo de conocidos, amigos, compañeros en el empleo; que no hay testimonio de una vida impactada o cambiada por Cristo, usted simplemente es otro extraviado en esa marejada de confusión como ellos.
Qué tal si le dijeran, realmente no hemos podido ver ninguna diferencia entre nuestra forma de vivir y la vuestra ya que los hemos escuchado maldecir, los hemos escuchado vociferar en forma violenta o peor que nosotros con su propia familia, con extraños y entre los llamados pueblo de Dios. Los hemos visto asistir a la iglesia, para luego al salir conducirse como si nunca hubiesen estado allí. Lo que ellos realmente están dejando claramente entender es que cuánto anhelan ver aquello que ellos deseosos igual querían adquirir.
¿Qué si alguien nos confrontara con aquel argumento? ¿Realmente, genuinamente nos sentiríamos avergonzados de traer esta vergüenza sobre la familia de fe? o se daría aquella respuesta desprendida, que procede del mismo infierno, somos humanos, no somos perfectos. Permítame aclararle, sí somos seres humanos, pero con una nueva naturaleza espiritual en y a través de Cristo, ciertamente nadie es perfecto, pero lo que sí debemos de ser es aquél que se niega a volver a revolcarse en el vómito del cual la sangre preciosa de Jesús nos sacó y nos lavó. Sí habremos tropezado, pero nos levantamos; habremos cometido errores, pero no haremos una carrera de ello.
Posible es que algunos albergamos testimonios de vergüenza, de aquellas que no se desea posiblemente hablar de ellos por todas las confusiones, daños y heridas que causó, ó porque quizá presente aún está en la vida de algunos. Pero mis amados, siempre es tiempo de re-dirigir nuestro esfuerzo y encaminar nuestros pasos, nuestra vida a lo que espera y demanda el Señor de su pueblo.
Recordemos, mantengámoslo presente siempre:
Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, trasgresor me hago (Gálatas 2:18).
Este siempre será y es el peligro en el caminar del creyente cuando entretenemos nuestras tendencias humanas. Aceptamos al Señor, pero miramos hacia atrás volviendo a considerar aquello que de Él nos separó, y muchos no solo consideran aquello que dejaron atrás, sino que lo vuelven a edificar, volvemos a sembrar, lo volvemos a entretener, esta conducta nos asemeja a un delincuente espiritual, en delincuencia como miembro del pueblo de Dios. No debe ocurrir, pero algunos tristemente aquel camino se ha recorrido.
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí (Gálatas 2:20).
Gloria a Dios cuando podemos ser dignos representantes de Aquél que nos salvó, nos sacó de la asquerosa condición de pecado, nos lavó con su sangre preciosa y hoy somos sus hijos, un pueblo redimido. Gloria a Dios cuando el yo deja de ser, y sólo Jesús es lo que pueden percibir a través de todo y en todo. Vidas completamente vendidas a Cristo, entregadas y consagradas a Cristo.


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