Un creyente estaba en un restaurante, y ante el plato
vacío agradeció al Señor por el alimento que iba a ingerir, y un pequeño no se
le escapaba la escena que estaba frente a él. Y con la sinceridad que adorna a
la niñez, le dijo al hombre, ¿usted le dio gracias a Dios por un plato vacío? Y
el creyente le respondió, lo que hice fue darle gracias por la provisión que Él
dará en ella.
Una vida insatisfecha no es
productiva, no avanza, se entretiene en lamentos, quejas, sin precisar salida.
Muchos allí residen, como dirección permanente, muchos allí permanecen, como su
creada cárcel.
Sin embargo, cuánta diferencia, con aquellos que
han entretenido prácticas en donde no le han dado lugar a codicia, una
desmedida ambición, ya que han aprendido, están en el proceso de realmente
despojarse de todo aquello que le ha podido ser un impedimento para en lo
espiritual avanzar.
No es que prosperar no es una bendición para
una vida (de ninguna manera esta sería una enseñanza sabia), pero, lo que sí es
para algunos, una limitación para realmente depender, confiar en las promesas
del Señor.
Dar gracias a Dios por el día, porque se tiene una
cuenta bancaria, y dar gracias a Dios porque se posee tan solo el pasaje de ese
día y confiados en que Él ayudará, proveerá para el siguiente día; es haber
aprendido, o estar en el proceso de aprendizaje a depender enteramente de Él. Cuando
se cuenta con un presupuesto limitado y responsable, el Señor tomará su causa
en sus manos.
Dar gracias por el hogar de tres recámaras, dos
autos y un excelente trabajo, y dar gracias por el cuarto en el que habita, la
cama, la mesa y algo en su alacena; aquello conlleva contentamiento, descanso y
confianza, porque se ha entendido que no se está desamparado, ni lo ha dejado
el Señor.
Son las gracias a Dios por los momentos arduos, los
instantes de dolencias, confiado, dependiendo enteramente de Él; habla al alma,
y le hace saber, nada va a alterar mi dependencia y entrega incondicional al
Señor.
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Salmos 42:5- ¿Por
qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios;
porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.
No trate de entender al Señor, aprenda a confiar en
Él en todas las circunstancias que permitirá que le alcance, todos son con un
propósito, todos tienen una finalidad, y todos darán un fruto que debe ser si
usted permanece fiel, para glorificarle a Él.
El hermano de la fe no estaba orando por el plato
exquisito que tenía frente a él, no estaba agradeciendo por el pedido que había
hecho. El por qué estaba en aquel lugar,
posible estaba en espera de alguna persona. Es probable que era un acto de fe
el solo hecho de estar allí en espera de la misericordia de Dios para con él. Al
igual podría ser que por cualquier motivo u otro fue despojado de todo cuanto
poseía, excepto de su confianza y dependencia en el Padre de piedad, aquel que
sostiene la causa del pobre, del humilde, del necesitado. Él dio gracias ante un plato vacío, posible
al igual por la prueba que estaba atravesando, la necesidad actual que tenía. ¿Y
usted? ¿Cuándo el Señor recibiría su gracias, ante lo repleto o lo escaso?
La gracia de Dios siempre está presente, su piedad
está para con todo hombre, no se place en hacer sufrir. Aún en medio de malas
elecciones, su misericordia se hace presente.
Para el creyente la declaración debe y tiene que
ser que, en vez de turbarse, espera confiado en el Señor como el salmista, alabándolo,
porque sólo Él su salvación, proveedor, su Dios y el que bendice su vida. ¿Cómo está su plato espiritual, lleno o vacío?