Jeremías 14:7 Aunque
nuestras iniquidades testifican contra nosotros, Jehová, ¡actúa por amor de tu
nombre! Porque nuestras rebeliones se han multiplicado, contra Ti hemos pecado.
21- Por amor de Tu
nombre, no nos deseches ni deshonres Tu glorioso trono; acuérdate, no invalides
Tu pacto con nosotros.
El pueblo de Judá
atravesaba sequía, por haberse alejando del Señor. A consecuencia de ello le
dice el Señor al profeta (14:11):
1. No ruegues por el bien de este
pueblo.
2. Cuando ayunen, yo no escucharé su
clamor.
3. Cuando ofrezcan holocausto y
ofrenda no los aceptaré.
4. Los consumiré con espada, con hambre
y con pestilencia.
5. Sobre ellos derramaré su propia
maldad (14:16).
Pero en medio del
castigo que justamente recibían del Justo Dios, el profeta Jeremías expresa
ante el Señor (14:20):
Reconocemos, Jehová,
nuestra impiedad y la iniquidad de nuestros padres, porque contra Ti hemos
pecado.
El pueblo de Israel
estaba en problemas espirituales y había juicio divino sobre ellos, pero el
varón de Dios no solo era la voz de Dios para aquel pueblo, empero, era un
intercesor y acudía ante el trono del Señor con temor y reverencia.
Pareciera que
pudiéramos escucharlo decir: Señor ciertamente hemos hecho mal, nos hemos
apartado del llamado a ser pueblo que has llamado, contra Ti hemos pecado;
nuestras iniquidades testifican, hablan a gritos contra nosotros. Y ciertamente
merecemos lo que estamos atravesando y más. Sin embargo, en medio de ello acudo
ante Tu santo trono, acudiendo a tu misericordia, a aquellas obras que ejecutas
por amor a Tu nombre. Es bajo ese amparo que clamo, te ruego que actúes; por
amor a lo que es Tu nombre, lo que haces por Tu nombre y la grandeza,
supremacía de Tu nombre.
Sí las iniquidades
hablan claramente, y reciben justamente lo que merecen, mas, Señor venimos ante
Tu trono para que te apiadas por amor a Tu nombre.
Una de las enseñanzas
que nos deja el Señor en esta porción:
1. No dejemos de acudir, o buscar de
Él.
2. Aunque mis faltas reciben
justamente lo que merece, el Señor espera de su pueblo, de los suyos
arrepentimiento del mal, reconocimiento de la falta o admisión.
3. Entender que aún allí Él está
presente, para socorrer, ayudar y restaurar. El Señor no abandona a los suyos,
es todo lo contrario, por esa razón acontece lo que acontece.
4. Por amor a su nombre la
misericordia, su piedad aún nos puede alcanzar. No cierra las puertas, pero
vendrá un día en que sí aquello acontecerá.
5. Nuestra comunión fue interrumpida
por sus pecados, empero, aún en medio de ello puede y debe buscar restablecer
su relación con Él.
Una voz en clamor
ante el trono de Dios puede lograr el cese de la amenaza, la hostilidad que ha
atraído, la muerte o tragedia que está rondando.
El castigo enviado a
Israel no fue para alejarlos del Señor, empero, el propósito de ello era para
que entendieran que sólo al Señor pertenece nuestra vida, nuestra adoración. Y
solo en Él podemos mantenernos alejados de todo aquello que se presenta para
separarnos de Él.
Esta es la posición
que debe ser adoptado: Señor, nuestras vidas en direcciones opuestas han estado
ante Ti, y aun allí entendemos que no hay ninguna otra dirección que buscar,
excepto aquel que nos conduzca de vuelta a Ti. Sólo Tú tienes la Palabra de
Vida, únicamente Tú eres nuestra paz; exclusivamente Tú eres nuestra esperanza,
directamente Tú puedes concedernos el perdón y restauración. Por amor a Tu
nombre obras, bajo esta realidad acudimos, nos presentamos ante Ti, para que
actúes en Tú misericordia por amor a Tu poderoso nombre y que se derrama sobre
los tuyos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario