Cuán fácil para muchos es darles soltura a sus
comentarios, críticas, detracciones, olvidando que todo hombre será juzgado por
aquello que dice.
Hubo una señora que había reconocido el mal en que
había incurrido, fue hacia su pastor para poder buscar la manera de poder
corregir aquella falta. Le hizo saber que ella debe ir hacia cada uno de
aquellos hogares en que había provocado aquel mal y que dejará una pluma de ave
frente a cada uno de ellos, y así lo hizo.
Al volver hacia el pastor y hacerle saber que había
cumplido, el pastor ahora le asignaba que fuese a recolectarlas, al que ella le
respondió que le sería imposible ya que el viento los había hecho ir hacia
otros lugares.
Que poderoso mensaje queda predicado a través de un
simple acto que le hacía tanto a ella comprender, al igual que cualquier otro
que en este mal incurre.
Para muchos descontrolados con ese mal:
·
No poder esperar comentar sobre la
tragedia o errores de otros.
·
No pueden esperar criticar y añadir al
mal que queda frente a ellos.
·
No pueden o no quieren controlar sus
lenguas, de expresar o decir aquello que emisión no debió haber encontrado
salida.
Y ante todo esto, los manifiestos de algunos son,
que no pueden contenerse, estuve molesto o que son personas sinceras; sí sinceramente
errados. En la apreciación humana hay cabida, en el plano espiritual ahóguelo y
evite conflictos y juicio con su Dios.
·
Mateo 12:36- Y yo os
digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en
el día del juicio.
Posible para el hombre tratarán de justificar
aquella tendencia entre muchos, en donde debido esa tendencia de hablar de más
y en particular aquello que nunca debería o debió, haya o esté afectando vidas,
lamentablemente por su debilidad.
Las Sagradas Escrituras advierte que toda palabra
de vana procedencia, todo aquello que se emitió que nunca debió de haber encontrado
salida ante el Creador se tendrá que responder.
Lo preferible, lo ideal es no darles cabida a palabras que en nada
edifica o desacredita una vida.
La señora tenía remordimiento, lamento por lo que había
hecho con su soltura de comentarios para el mal de otros, por cuánto tiempo se dedicó a ello, posible fue por un largo período, y aunque fuese por un corto tiempo,
el mensaje crucial en ello es que no hay manera en que pueda volver a reunir lo
expresado y la continua difusión de ello por otros semejantes a ella.
¿Cuántos afectados dentro de ese proceso de mal
están? La personal inicial con el chisme, el oído que se prestó a escucharla, y
las emisoras repetidoras de esa pecaminosa señal. Y aunque posible sea que la persona al cual se
le comentó aquello que no se debió y que nunca le interrumpió o detuvo, ahora
forman parte de aquellos que, al ver a la persona calumniada, ahora se mantiene
presente la negatividad del comentario.
La disciplina ideal con llamadas o encuentros de aquella
naturaleza es, antes de escuchar, ¿podríamos orar? Al igual sería de gran beneficio expresar, si
no glorifica al Señor prefiero no escuchar.
No se convierta en un oído contaminado y una lengua ociosa.
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