viernes, 25 de marzo de 2022

EN ESPERA Y NO ABATIDO (¿CON RECLAMOS O AGRADECIDO?)

 

Un creyente estaba en un restaurante, y ante el plato vacío agradeció al Señor por el alimento que iba a ingerir, y un pequeño no se le escapaba la escena que estaba frente a él. Y con la sinceridad que adorna a la niñez, le dijo al hombre, ¿usted le dio gracias a Dios por un plato vacío? Y el creyente le respondió, lo que hice fue darle gracias por la provisión que Él dará en ella.
          Una vida insatisfecha no es productiva, no avanza, se entretiene en lamentos, quejas, sin precisar salida. Muchos allí residen, como dirección permanente, muchos allí permanecen, como su creada cárcel.

Sin embargo, cuánta diferencia, con aquellos que han entretenido prácticas en donde no le han dado lugar a codicia, una desmedida ambición, ya que han aprendido, están en el proceso de realmente despojarse de todo aquello que le ha podido ser un impedimento para en lo espiritual avanzar.

 No es que prosperar no es una bendición para una vida (de ninguna manera esta sería una enseñanza sabia), pero, lo que sí es para algunos, una limitación para realmente depender, confiar en las promesas del Señor.

Dar gracias a Dios por el día, porque se tiene una cuenta bancaria, y dar gracias a Dios porque se posee tan solo el pasaje de ese día y confiados en que Él ayudará, proveerá para el siguiente día; es haber aprendido, o estar en el proceso de aprendizaje a depender enteramente de Él. Cuando se cuenta con un presupuesto limitado y responsable, el Señor tomará su causa en sus manos.

Dar gracias por el hogar de tres recámaras, dos autos y un excelente trabajo, y dar gracias por el cuarto en el que habita, la cama, la mesa y algo en su alacena; aquello conlleva contentamiento, descanso y confianza, porque se ha entendido que no se está desamparado, ni lo ha dejado el Señor.

Son las gracias a Dios por los momentos arduos, los instantes de dolencias, confiado, dependiendo enteramente de Él; habla al alma, y le hace saber, nada va a alterar mi dependencia y entrega incondicional al Señor.

·        Salmos 42:5- ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?  Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.

No trate de entender al Señor, aprenda a confiar en Él en todas las circunstancias que permitirá que le alcance, todos son con un propósito, todos tienen una finalidad, y todos darán un fruto que debe ser si usted permanece fiel, para glorificarle a Él.

El hermano de la fe no estaba orando por el plato exquisito que tenía frente a él, no estaba agradeciendo por el pedido que había hecho.  El por qué estaba en aquel lugar, posible estaba en espera de alguna persona. Es probable que era un acto de fe el solo hecho de estar allí en espera de la misericordia de Dios para con él. Al igual podría ser que por cualquier motivo u otro fue despojado de todo cuanto poseía, excepto de su confianza y dependencia en el Padre de piedad, aquel que sostiene la causa del pobre, del humilde, del necesitado.  Él dio gracias ante un plato vacío, posible al igual por la prueba que estaba atravesando, la necesidad actual que tenía. ¿Y usted? ¿Cuándo el Señor recibiría su gracias, ante lo repleto o lo escaso?

La gracia de Dios siempre está presente, su piedad está para con todo hombre, no se place en hacer sufrir. Aún en medio de malas elecciones, su misericordia se hace presente.

Para el creyente la declaración debe y tiene que ser que, en vez de turbarse, espera confiado en el Señor como el salmista, alabándolo, porque sólo Él su salvación, proveedor, su Dios y el que bendice su vida.  ¿Cómo está su plato espiritual, lleno o vacío?

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