El temor, la indecisión, son factores que impiden logros, conquistas; no
son aliados, son obstáculos que hay que vencer ejercitando la fe y confianza en
el Señor.
Tenía que cruzar aquel valle para llegar a su destino, no había ningún
otro camino para llegar. Repetidas veces lo había intentado, pero en medio
siempre se presentaba aquel gigante que su paso obstruía.
Trató de eludirlo, trató de burlarlo; hizo aquel intento por años sin
lograr el poder salir. Mientras en sus confines permanecía, todo apacible
estaba, jamás el gigante salía de aquel valle, que él tenía que atravesar.
Una mañana decide intentar lo que por años era un rito ya. Pero en esta
salida su determinación era diferente. Quiero salir y lo tengo que lograr, aunque
en aquel intento tenga que perecer. Porque no viviré sujeto a una prisión,
porque Dios me ha hecho libre y es lo que soy.
No sé de dónde procede ese gigante, no sé por qué se empeña no
permitirme salir. Cada intento está presente. Él hará su trabajo de evitarme
cruzar, y yo no me detendré hasta morir o aquello lograr.
Los obstáculos están, empero, no son la final autoridad. Ellos no dictan
las leyes y mucho menos dueños de mi vida son.
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Salmo 23:4- Aunque ande en valle de sombra de
muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me
infundirán aliento.
Inicia el camino hacia el valle, esa mañana soleado y tranquilo, llegado
al valle busca el encuentro, mas, no hay rasgos del gigante. Se detiene, mira
alrededor un tanto temeroso, pero con determinación. Mientras avanza todo luce
tan placentero. Es de ello salir o en ello quedar. Por años este ha sido el
intento y finalmente aquí estoy, tratando de hacer lo imposible para el
encuentro con mi verdad. Y mientras camina, nostalgia se avecina, tristeza lo
acompaña y felicidad está, sin embargo, un tanto distante. Todo en silencio
mira el lugar dejado de lejos, se detiene y expresa, no lo entiendo. Por años
he querido hacer esto y no he podido. Ahora libre de lograrlo y heme aquí
pensando en lo que estoy abandonando, ya no considerando lo que podré alcanzar.
Cruzar el valle no tenía obstáculos, el gigante solo eran mis temores,
dudas; y estando en el valle despiertan consideraciones.
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2 Timoteo 1:7- Porque no nos ha dado Dios
espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
¿Debo proseguir o debo retornar? ¿Por qué ahora me acompaña indecisión?
Decide regresar y a su regreso, manifiestos de estima, aprecio. Ni una onza de
rechazo encontró, ni reclamos. Y allí donde siempre estuvo floreció, porque ya
no buscaba salida, sino atender todo con el celo apropiado e interés requerido
para ver prosperar lo que a su encargo Dios le había entregado.
De lejos le pareció ver una sombra que se alejaba
moviendo su mano en despido. Los viejos temores, confusiones, ya en aquella
vida no tendrían cabida.
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Proverbios 29:5- El temor
del hombre pondrá lazo;
Mas el que confía en Jehová será exaltado.
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