Cuando yo era niño,
hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui
hombre, dejé lo que era de niño (1 Corintios 13:11).
Todo en la vida tiene
etapas, tiene temporadas. Para todo crecimiento tiene que haber evolución.
Se inicia en nivel en
cualquiera que fuese las etapas, jamás se parte lo más alto para luego
descender, sin embargo, para algunos así pareciera hasta cierto punto en algunos
comportamientos o reacciones inmaduras, comportamientos completamente alejados
de la madurez que debería acompañar a personas bajo el tutelaje del Espíritu Santo,
nuestro paracleto o instructor en todo tocante a la nueva vida en Cristo Jesús.
La Palabra de Dios nos
hace entender sin lugar a dudas que en todo creyente tiene que haber evolución,
tiene que haber crecimiento, tiene que haber una evidencia clara del lugar que
se estuvo y en el lugar en la cual se está el día de hoy. Es imposible que
inmadurez sea el resultado de una vida en comunión con su Dios.
Cualquiera vida que aún
tendencias de carencia de entendimiento y discernimiento prevalezca, es por
estar entretenido con todo excepto con su nueva naturaleza obtenido a través de
su entrega al Señor.
Tiene que haber una
transformación en la manera de comunicarse, de expresarse, las viejas e
inmaduras tendencias de ignorancia no puede prevalecer como si nada jamás hubiese
impactado o transformado su vida.
Su forma de analizar, de
considerar o examinarlo todo, las antiguas perspectivas de evaluación fueron y
tuvieron que haber sido revolucionados o habilitados de tal manera que
ignorancia no es el manifiesto, mas bien la evidencia de temor santo o reverencia
a Dios que se evidencia en sabiduría, prudencia en todo cuanto se hace o se
ejecuta.
Cuando se vea en la
necesidad de emitir juicio, es basado en su principio de su fe, arraigado y
basado en su conocimiento en lo que dictamina la Palabra Santa de Dios. No procede
emitiendo juicios inmaduros, adornados de torpezas, desbalances propios de
aquellos ajenos a aquello que procede del Hacedor.
Lo que aquí se puede entender
con toda claridad es que una vida balanceada y transformada por lo que hace la
presencia del Salvador en ella es lo que se escucha, se evidencia en el
desenvolvimiento, juicios emitidos en toda instancia. ¿Por qué? Porque hay un abandono completo de
lo que antes privaba de poder incrementar en conocimiento santo, pero habiendo
sido ahora alcanzado por ella, el nuevo hombre ha dejado todo aquello que procedía
de inmadurez, impedimentos para verdaderamente estar a la estatura de una vida
santificada y transformada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario