domingo, 4 de junio de 2017

EVOLUCIÓN – TRANSFORMACIÓN



Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño (1 Corintios 13:11).
Todo en la vida tiene etapas, tiene temporadas. Para todo crecimiento tiene que haber evolución.
Se inicia en nivel en cualquiera que fuese las etapas, jamás se parte lo más alto para luego descender, sin embargo, para algunos así pareciera hasta cierto punto en algunos comportamientos o reacciones inmaduras, comportamientos completamente alejados de la madurez que debería acompañar a personas bajo el tutelaje del Espíritu Santo, nuestro paracleto o instructor en todo tocante a la nueva vida en Cristo Jesús.
La Palabra de Dios nos hace entender sin lugar a dudas que en todo creyente tiene que haber evolución, tiene que haber crecimiento, tiene que haber una evidencia clara del lugar que se estuvo y en el lugar en la cual se está el día de hoy. Es imposible que inmadurez sea el resultado de una vida en comunión con su Dios.
Cualquiera vida que aún tendencias de carencia de entendimiento y discernimiento prevalezca, es por estar entretenido con todo excepto con su nueva naturaleza obtenido a través de su entrega al Señor.
Tiene que haber una transformación en la manera de comunicarse, de expresarse, las viejas e inmaduras tendencias de ignorancia no puede prevalecer como si nada jamás hubiese impactado o transformado su vida.
Su forma de analizar, de considerar o examinarlo todo, las antiguas perspectivas de evaluación fueron y tuvieron que haber sido revolucionados o habilitados de tal manera que ignorancia no es el manifiesto, mas bien la evidencia de temor santo o reverencia a Dios que se evidencia en sabiduría, prudencia en todo cuanto se hace o se ejecuta.
Cuando se vea en la necesidad de emitir juicio, es basado en su principio de su fe, arraigado y basado en su conocimiento en lo que dictamina la Palabra Santa de Dios. No procede emitiendo juicios inmaduros, adornados de torpezas, desbalances propios de aquellos ajenos a aquello que procede del Hacedor.
Lo que aquí se puede entender con toda claridad es que una vida balanceada y transformada por lo que hace la presencia del Salvador en ella es lo que se escucha, se evidencia en el desenvolvimiento, juicios emitidos en toda instancia.  ¿Por qué? Porque hay un abandono completo de lo que antes privaba de poder incrementar en conocimiento santo, pero habiendo sido ahora alcanzado por ella, el nuevo hombre ha dejado todo aquello que procedía de inmadurez, impedimentos para verdaderamente estar a la estatura de una vida santificada y transformada.


No hay comentarios:

Publicar un comentario